La economía como nunca la habías visto: clara.

Las vendomáticas (injusticias cotidianas)

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Las vendomáticas son máquinas expendedoras de productos alimenticios (snacks, gaseosas, cafés) cuya principal característica es la nula intermediación humana en el proceso de compra-venta. Las encontrarás en clínicas, universidades y centros comerciales. Y sí, ya sé, no son precisamente un tema de relevancia nacional, pero la verdad es que es domingo, estoy enfermo, y no me apetece escribir sobre otro tema que no sea el atropello que muchas de estas máquinas realizan con los consumidores día a día, pequeños atropellos que quedan silenciados por su cotidianeidad.

1) Las maquinitas no siempre dan el vuelto de manera correcta, si es que llegan a darlo.
2) Los productos no siempre caen, ni siquiera con sacudidas de las pesadas máquinas.
3) La máquina expendedora de café no detecta la ausencia de vasos, por lo que continúa “vendiendo” cafés que se escurren por la rejilla de la vendomática.
4) En algunas, las monedas introducidas simplemente se pierden. Son introducidas pero no figuran como monto disponible en el contador.

Las máquinas, a menudo fijan precios —aprovechando su poder de mercado, pues difícilmente encontrarás cafeterías en cien metros a la redonda— que incluyen incrementos de entre el 10% y 30% (grosso modo) de los precios que uno encontraría en una bodega cualquiera (los cuales, recuerden, ya incluyen cierto margen de ganancia).

En defensa de las vendomáticas, uno diría que —ante cualquier problema— éstas incluyen un número al cual uno puede llamar para presentar sus quejas. ¿Alguna vez lo han hecho? Bueno, yo sí. La llamada tarda aproximadamente 2 minutos: te preguntan tu nombre completo, la ubicación exacta de la vendomática, el problema, tu teléfono, y te dan indicaciones sobre lo que viene: un encargado será enviado en la próxima hora para solucionar tu problema.

El gran problema es que sólo la llamada te cuesta (desde tu celular) un sol, y cincuenta centavos si te desplazas hasta un teléfono público. Mencionemos también el hecho de que debes estar merodeando la máquina durante los próximos sesenta minutos para que puedas obtener el reembolso de tu dinero. Una vez lo hice, pero sólo por el gusto de vengar mis cinco soles. Los beneficios claramente fueron menores a los costos: la llamada, el tiempo esperando, demasiado para una situación en la cual uno quiere comerse, al paso, unas papas fritas y continuar con sus actividades diarias.

No hay incentivos para calibrar/arreglar las máquinas

La gran mayoría de personas, por obvias razones, decide no denunciar estos desperfectos, una línea de llamadas gratuitas podría, quizás, arreglar en algo esta situación. En estos casos, la empresa está ganando sin siquiera vender algún producto. La gran pregunta es si estos excedentes —que, no se crean, no deben ser poco: sucede múltiples veces, todos los días, en cientos de vendomáticas— son apropiadas por los reponedores que visitan las máquinas  sendas veces en un día. O sí, por el contrario y muy probablemente, el monto total de dinero llega hasta las empresas, que obtienen ganancias por, literalmente, vender grandes paquetes de nada.

Y,  yendo más allá, si—al momento de pagar los impuestos— estos ingresos son declarados o si, como es de esperarse, si no existe venta de producto alguno, estos ingresos van directamente al bolsillo sin necesidad de ser declarados. Preguntas de un domingo, nada más.

3 Comentarios to “Las vendomáticas (injusticias cotidianas)”

  1. T56U1 dice:

    Yo tuve un problema con una vendomática en Japón. La bendita moneda se quedó atascada como aquí, en una máquina mucho más moderna incluso. Como se encontraba fuera de una tienda, pensé que era dinero perdido. Sin embargo, uno de los trabajadores de la tienda salió a ver que pasaba (es muy raro que estas máquinas se malogren), y al ver el problema, él mismo sin que le pida algo llamó mediante su celular a la empresa y reclamó el desperfecto. Luego entró a la tienda (un minimarket 24 horas)y luego de hablar con el administrador salió con un producto parecido al que yo intenté sacar (una sopa instantánea). Pocos minutos después llegaron los técnicos y abriendo la máquina, me devolvieron la moneda, cargaron el aparato a su vehículo y se fueron pidiendo disculpas hasta el cansancio. Todo eso en menos de 10 minutos.

    El sentido de comunidad en estos países es que las máquinas pueden ser mezquinas, las personas no.

  2. Ben Solis dice:

    ¡Qué genial modo de pensar de estas comunidades! Ojalá podamos avanzar pronto en ese sentido.

    Saludos

  3. leandro dice:

    En paises como en Japon, en donde el sistema laboral es mas beneficioso o costoso, de alguna forma tener una maquina expendedora reduce los costos del empresario. Ante esto, la consecuencia es que su presencia sea mas fuerte que en paises como el nuestro.

    Un dato relevante, existe en Japon aproximadamente 5.6 millones de máquinas de esa clase; es decir, una por cada veinta habitantes. Ahora bien, imaginemos el ahorro que se gana un empresario ante tal situación (sin contar que la maquinaria muy posiblemente se fabrique en dicho pais - tomando las cualidades tecnicas del recurso humano local-, reduciendo aún más el costo de obtenerla y de mantenerla - aqui mi punto). Ante un desperfecto, evidentemente no habra problema en contar con un sistema eficiente de solucion de problemas. Es un costo que el empresario estaria dispuesto asumir, por dos razones a mi parecer: 1) ya ha ahorrado bastante si tomamos en cuenta lo que he mencionado antes y 2)muy posiblemente, querra darle confianza a dicha forma de servicio, buscando que la solucion sea mas rapida. En fin, sin menoscabar la mentalidad poco individualista del pais nipon, la suma de todos estos factores hacen un excelente servicio.

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