Los amigos de La Mula han tenido la interesante idea de generar debate, mediante la propuesta de temas específicos en lo que podríamos llamar campañas en línea. En este caso, el tema es “el abandono de nuestro patrimonio cultural”, a raíz de la difusión del vídeo de unos chibolos dañando parte de la Huaca del Dragón en complejo de Chan Chan.
¿Por qué homoeconomicusmente -perdón por la creación del adverbio- es importante nuestro patrimonio cultural?
Pues porque, después de todo, es capital. Capital en el sentido de que es un depósito de valor, pero también permite obtener renta a través de los servicios que presta. ¿Aburrido? Veamos.
¡Machu Picchu! Una de las siete nuevas maravillas del mundo. Su sola existencia nos llena de orgullo, nos recuerda de donde vinimos y a veces -cruelmente- donde estamos. Le otorgamos entonces a Machu Picchu, por su majestuosidad, por su historia, un “valor cultural”.
Sin embargo, es innegable que también le debemos a Machu Picchu una especie de cariño monetario -como me gusta llamarle a mí a este tipo de afectos. Después de todo, muchos extranjeros llegan a Perú atraídos por las ancestrales ruinas incas que encuentran en postales o páginas web. Vienen por eso, se alojan en Lima, viajan a Cuzco, compran comida, chullos, y claro, pagan su entrada al complejo arqueológico.
Es decir, además del llamado “valor cultural”, parte de nuestra valoración de Machu Picchu consiste en las rentas futuras que su existencia generará en los próximos años.
Patrimonio cultural y disyuntivas
En el caso del patrimonio cultural, encontraremos muchas disyuntivas, de las cuales vale la pena mencionar dos. La primera viene dada por la modernidad entendida como el paso arrasador de construcciones sobre cualquier terreno. Seamos sinceros, todos vivimos encima de lo que antes fueron huacas. Es decir, en algún momento, nuestros antepasados –o sus patrones- tomaron la decisión de construir sus fundos encima de lo que veían como enormes montículos de tierra compactada. Más ahora, en distritos tradicionales de Lima, se demuelen casonas para construir altísimos edificios. La solución -que no es nada fácil pues requiere un amplio grado de conciliación- consiste en un avance de la modernidad que respete también el patrimonio cultural mediante la protección de determinados espacios que deben ser considerados intangibles.
Una segunda disyuntiva sería la sobreexplotación de nuestro patrimonio. Aunque su valor cultural puede difícilmente depreciarse, el patrimonio cultural –entendido como infraestructura– sí puede hacerlo. Por ejemplo, imaginemos que los apetitos de ingresos por recaudaciones a la entrada de Machu Picchu crecen, y se deciden hacer caminatas de decenas de miles de personas al día, a precios medianamente baratos, día y noche. En unos años, se no acabaría la gracia y desparecerían las rentas futuras que podríamos haber percibido por dichas ruinas. Para siempre.Y esta depreciación puede darse también por daños (por los cuales, claro, ni se obtienen rentas presentes).
Por eso cuando un grupo de chibolos apedrea y daña parte de un complejo arqueológico –y luego lo cuelga en youtube, por lo cual inferimos que están orgullosos de su hazaña- no sólo nos duele por el “valor cultural” de patrimonio, sino también porque si este tipo de actitudes no se controla, escarmienta –y, mejor aún, previene mediante educación apropiada– estamos destinados a perder nuestro patrimonio cultural en manos de pendejeretes que, ni puestos a realizar trabajo comunitario de por vida podrían compensarnos por el daño irreparable –incluyendo el económico- que nos causarían.
Links interesantones acerca del tema:
La Mula (reacción de otros blogs)
Hola amigos que tal, bueno para hablar de patrimonio hay harrrto!!! pero para empezar, a ver vivo en Cusco, todos los dias en el tramo que hay entre mi trabajo y el paradero de transporte publico al menos 5 faltas contra el patrimonio, ¿quien pone pare a esto? nadie, nada, nunca, solo por citar un ejemplo en la calle hatunrumiyoq donde esta la celebre piedra de los doce angulos, a pesar de la vigilancia con disfraz de Inca y todo, una persona frente a miles de visitantes, miles de veces le ha pedido a la gente especialmente peruanos que no toquen las piedras (la razon es que esta se esta desgastando y maltratando debido a los acidos naturales de nuestras manos), peero he ahi el problema, las tocas sin mas ni mas, incluso al buen inca lo insultan, -recuerdo que una vez una dama con tono limeño dijo -¡que mierda va a pasar solo es piedra….!-, bueno esa es la realidad creemos que nada va a pasar, que no esta pasando nada pero lo cierto es que si, por citar otros ejemplos, la siempre bienvenida inversion privada se ha tirado abajo casonas, monasterios, y demas construcciones consideradas patrimonio, ahora son hoteles, restaurantes, centros comerciales, solo es darse una vuelta por el Cusco y verlo con ojos de peruano, nadie le dice no a la inversion pero cuando ves que lo que alguna vez fue el palacio del Inka tal o cual, o que la casa de las Ajllas o hijas del sol sera un pronto centro comercial, poco queda, ya la indignacion no cabe por que simplemente a pesar de sentirte cusqueño, no es tuyo (en condciones de propiedad), y como hay que darle paso a la modernidad, y segun los modernistas y liberados, solo estamos amarrados a cachibaches, pues bien, nada, eso sera lo que queda de nuestro patrimonio, ya me encargare de hablar en otro momento del valle sagrado, el potencial turistico y otrora lugar de reposo de cusqueños y aledaños hoy privatizado vendido y olvidado por las autoridades, ahora pregunto con la ley de inversiones andinas cuanto mas se afectara al patrimonio, claro bienvenida la inversion pero que queda detras de eso?, no quiero ponerme en contra de los grandes empresarios turisticos y hoteleros, pero aparte de su “responsabilidad social” no deberian tener tambien una “responsabilidad patrimonial” es decir de cuidar aquello que - por suerte, oportunidad, o lo que sea- les es entregado para amasar poderosas fortunas capaces de acallar medios, ya ni hablar de las conductas personales, dolorosamente nuestras y muy metidas en nuestra idiosincrasia. para cuidar el patrimonio no solo basta con poner guardianes sino con educarnos para valorar lo que es nuestro, lo que nos pertenece como legado y no como endebles signos de peruanidad.