Para cerrar el año, abro mi Peru.21 y me encuentro en la página 9 con el siguiente anuncio:
¿Algo les llama la atención? A mí, tres cosas, en realidad.
1° La mediocridad de la comparación. Lero lero, yo tengo 34% y el presidente anterior tenía 9%. ¡34%! TREINTA Y CUATRO POR CIENTO. Igual, mi explicación sería que en lo que va del gobierno de García, aunque éste ha exhibido casos mayúsculos de corrupción e ineficiencia, el rebote de la prensa ha sido escaso. El gobierno de Toledo, en cambio, fue desgastado rápidamente por un prensa que se dedicaba a magnificar todo lo que ahora pasan por alto -¿alguien sabe dónde está Cecilia Valenzuela? También ayudaron los reiterados pedidos de vacar a Toledo de la presidencia, a cargo del Apra (incluyendo al entonces líder de la oposición, Alan García) pero que ahora con el Baguazo, de pronto, se han vuelto tan concesivos y relativistas.
2° El uso de dos encuestadoras distintas. Claro, conviene utilizar Datum y no la misma encuestadora que se usa para la aprobación de Toledo en Diciembre del 2004: Apoyo. ¿Por qué? Porque si fuéramos a la encuesta de Ipsos-Apoyo, lo que encontraríamos sería una aprobación de 26% y no de 34%. VEINTISEIS (es decir, el 20,41% que lo eligió en primera vuelta, y un 6% más).
3° El APRA con el pueblo. ¿No que no trabajaban por las encuestas? ¿Cuál es el concepto que el “APRA” tiene de pueblo? 34%
Vaya manera de cerrar el año.
Desearía tener tiempo para escribir sobre esto. Pero no lo tengo. Por eso, les recomiendo el post de mildemonios acerca de este interesante tema.
Yo sólo quiero dejar un videito de nuestro presidente hablando de sus críticos. Más concretamente llamándolos zonzos.
Atención a la risa nerviosa de los asistentes ante el exabrupto que uno no esperaría ni de Melcochita pero que -ah caray- vino del mismísimo Presidente de la República. ¿Este es el señor que critica a Hugo Chávez?
Evidentemente este García -que se jura economista- pretende vendernos que ahora sabe mucho más de economía y matemáticas que en su primer gobierno. Eso, por su puesto, no es tan difícil. Digamos que para ello sólo es necesario aprender a sumar, restar y dividir bien. ¿Exageración? ¡Que pase el vídeo!
OFF-TOPIC: Muchos blogs han tocado el tema del símil entre el caso Bagua y la recientemente estrenada Avatar. Al respecto, recomiendo el mejor post que he leído sobre este tema: “Baguatar y la teoría del indio permitido” en Valor Público de Carlos Alza.
Hace unos años, un profesor de tributación -muy entretenido él- y que, dicho sea de paso, creó la SUNAT (me quedó claro después de escuchárselo una veintena de veces), nos explicaba que, en la gran mayoría de los casos, utilizar la tributación como herramienta para fomentar o redistribuir era una mala idea. La tributación debía ser igualitaria y el gasto, más bien, redistributivo.
Sólo en casos extremos, como el de la Selva, a donde resulta costoso transportar la mercadería, cabían exoneraciones tributarias como aquella realizada con el Impuesto General a las Ventas (IGV). En este caso, los costos de los fletes eran suficiente sobrecarga a los precios que debían afrontar los pobladores.
Ahora bien, viene rondado de manera subrepticia -sobre todo desde que se desató la ola de conciertos que a muchos ha encandilado- la idea de que disminuir los impuestos es una excelente herramienta para poder incentivar los espectáculos culturales.
Pero, para entrar de lleno en el tema del artículo, me entero de que, actualmente y, como mínimo, hasta junio del año entrante, los espectáculos taurinos gozan -porque no hay mejor verbo que pudiera describir esta situación- de exoneraciones del IGV. Qué bonito.
Asumiendo que exonerar del pago de impuestos a actividades sea una política adecuada, no existe -sin duda- actividad más idónea para este beneficio que el regocijo de la lenta perforación de un animal acorralado y su posterior atravesamiento y cercenamiento frente a una multitud que, habiendo pagado nada despreciables sumas, se desviven en gritos y arengas.
En este momento, aparecen los amantes de la fiesta brava -entre los cuales se encuentra, por ejemplo, mi padre: Doctor, buenos días- para señalar de manera acertada la incultura de aquellos que -estúpidamente- no comprendemos que los toros de lidia han nacido, han sido creados y tienen como propósito final ser asesinados salvajemente ante multitudes que se unen en el lenguaje común de los gritos y los olés, del exaltable placer que causa la lenta agonía inducida y la muerte de un animal.
Existe el debate de si estas actividades deberían siquiera permitirse. Pero no vayamos tan lejos. Preguntémonos, aunque sea, si estas actividades merecen realmente ser desgravadas: estar exentas del pago de IGV. En mi opinión, ciertamente no. La medida sólo ensancha de manera grosera los bolsillos de los organizadores de corridas de toros -¿cuál es la justificación para no desgravar, entonces, a otras actividades empresariales?- y también de cierto modo los bolsillos de los asistentes que, para comprar el licor que llena las botas que se pasan de boca en boca, o para comprar sus pañuelitos finos amarrados al cuello, o sombreros domingueros que fotografían tan regio en Circo Beat sí tienen; pero para pagar impuestos -de pronto- no tanto*.
Es por ello que, desde este blog que -ya sé- nadie lee, se apoya no sólo que los espectáculos taurinos paguen el IGV que deberían, sino que además -¿y por qué no?- se les aplique una carga tributaria adicional, tal como se hace con las bebidas alcohólicas y el tabaco. Qué mejor que hacer tributar más a un producto que, cual cáncer, carcome de manera interna el valor primordial que nos distingue del ser que se asesina en la plazuela: la razón. No estaría mal que en lugar de tanta paparruchada, se presentara un proyecto de ley con esto, ¿no?.
Esto es, por supuesto, sólo la primera parte. En la segunda, comentaré el artículo del blog Páginas Taurinas Perú donde concitan la atención sobre lo que ellos llaman un “importante tema taurino” que debe merecer el repudio de todos: pagar impuestos. ¡Habráse visto! Señores del Gobierno, déjenlos en paz, si ya pagan en promedio entre S/. 434 y S/ 3,000 por abono. Sean concientes: la crisis.
Este blog acepta comentarios. De hecho, ya hay unos cuantos. Léélos.
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* La actividad taurina, si bien está presente en todo el país, mueve una enorme cantidad de dinero en la Feria de Acho, realizada en la capital de nuestro país.
Atención a esta noticia que hoy me volteó el cerebro:
Mankiw y Krugman quieren crear inflación eliminando dólares por sorteo
Lo nunca visto. Gregory Mankiw, asesor económico de Bush y prestigioso profesor de Harvard, y el premio Nobel Paul Krugman abogan por eliminar dólares mediante sorteo y así incentivar el consumo y el crédito para salir de la recesión. La respuesta a la crisis es crear una inflación elevada.
De niño, mis primos y yo jugábamos un juego de cartas que llamábamos “La Mano Peluda” (o Cochino o Apestoso o… ustedes entienden). El juego consistía básicamente en repartir los naipes entre todos y sustraer cartas del vecino inmediato, arrojándolas luego una por una al centro de la mesa. Las cartas pasaban de mano en mano, dejando el as de espadas para el final. Así, quien se quedaba con este naipe, perdía: era el apestado.
Krugamn y Mankiw (ilustres autores de los libros de economía que todos los estudiantes de esa carrera hemos tenido que leer) proponen un mecanismo muy parecido al de “La Mano Peluda”.El razonamiento aquí es –qué duda cabe– ingenioso. Si se quiere reactivar la economía, se necesita que los dólares se muevan de mano en mano con rapidez. ¿Cómo hacerlo? Anunciando que, en un año, los billetes de determinada serie dejarán de ser de curso legal. Así, los dueños de dichos billetes buscarán deshacerse de ellos, gastándolos. Quienes los reciban, los invertirán o comprarán más cosas. Nadie querrá tener esos billetes, y buscarán pasárselos a otra persona, como el as de espadas en “La Mano Peluda”. Gasto seguro, reactivación asegurada.
(Sólo un ojo peruano objetaría este mecanismo. Personalmente creo que, en base a las expectativas futuras, la gran mayoría de agentes simplemente no recibiría los billetes que dejarán de circular en un año, por miedo a no poder deshacerse oportunamente de ellos. ¿Irreal? Recuerden que hace cuatro años, en Perú, nadie te recibía un dólar de serie CB-B2, porque se presumía su falsedad. No estábamos seguros de que el billete pasaría; por tanto, no lo recibíamos).
Pero el mecanismo mencionado es un ejemplo utópico que dio un alumno de Mankiw en clase. Krugman y Mankiw abogan, en realidad, por la conveniencia de una inflación elevada que, para el caso, es más verosímil y tendría los mismos efectos reactivadores. ¿Cómo así? Tanto el esquema de “La Mano Peluda” como una alta inflación devienen en tasas de interés negativas. Es decir, no préstamos a una tasa de interés baja o barata. No. Más bien te pagan por tomar un préstamo. Y te incentivan, claro, a gastarlo.
Ahora, leo en Reuters acerca del incremento en el nivel de precios de Estados Unidos:
WASHINGTON (Reuters) - Los precios al productor de Estados Unidos subieron un sorprendente 1,8 por ciento el mes pasado, mientras que la producción industrial creció con fuerza, lo que despertó los temores inflacionarios en los mercados financieros*.
Interesante. Inflación en Estados Unidos.
El asunto es mucho más complejo; por ello, sugiero con vehemencia que lean el artículo original de Mankiw, publicado en the New York Times. Definitivamente una pincelada de genialidad que sólo se le podría ocurrir a un economista que piensa en norteamericano y para norteamericanos. ¡La inflación como solución a la crisis! (Aunque con el pequeño margen de ganancia de las empresas norteamericanas, una inflación podría -también- asfixiarlas aun más).
Pero, cuidado con que un presidente peruano, extraviado él, pensara en norteamericano y decidiera ordenar prepotentemente que el BCR se encargue de elevar la inflación –en honor a los viejos tiempos. Lo sé, es una locura. No le digan.
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*Evidentemente el miedo aquí es que la Fed (que es el BCR gringo: la autoridad monetaria) decida que es momento de poner el freno a la economía. ¿Por qué? Pues porque el paquete de estímulo económico de Obama (787 mil millones de dólares lanzados alegremente al mercado), entre otras cosas, estaría calentando la economía, trasladándose a los precios. Nos ha pasado. En esta columna de ‘El respondón’ expliqué un poco cómo funcionó este mecanismo en el caso peruano.
Hace un tiempo, en el trabajo se suscitó el increíble hallazgo de una par de botellas de cerveza como parte de los activos de una empresa auditada. Asumí que mediante esa inclusión, la contadora de esta empresa pequeña y alejada trató de incorporar las tradiciones de los constructores a la práctica contable. Confirmó mi noción del Perú como país culinario, chelero y fubolero. Sea como fuere, cabe la (necia) pregunta de qué tan importante es esta bebida espirituosa en nuestro país.
Caen las ventas
Hace un mes, Backus estimó que “en el periodo enero-setiembre del 2009, el volumen de venta de cerveza disminuyó en 2,4%”. Perdonarán los súper economistas el análisis de economía básica -3 que continúa.
Ya sabemos que el mayor ingreso de los consumidores implica la mayor demanda de un producto, pero ¿de qué más depende la demanda?
Factores que impulsan la demanda
Un primer factor es el precio del mismo. Es decir, la demanda de un bien normal disminuye conforme mayor sea el precio. No sé si exactamente los precios han disminuido producto de la competencia —aunque adivinaría que así fue— pero podemos prever que la demanda de cerveza (ceteris paribus) se incrementará en el próximo año, producto de la reducción de precios estimada que se dará gracias a la competencia. Y cito: “El ingreso de Anpay, la nueva marca de cerveza del Grupo Torvisco, ocasionaría que los precios del mercado cervecero nacional disminuyan el próximo año, informó el diario especializado Gestión. Según la consultora Maximixe, esta nueva marca entrará al mercado con el precio de 2,5 soles (botella de 650 ml.)”.
Los sustitutos y las preferencias constituyen otros factores importantes. Si los precios de bienes sustitutos bajan o las preferencias por otro bien aumentan, la demanda del bien bajará, porque los consumidores se orientarán a comprar el bien sustituto más barato o el nuevo preferido.
¿Podría ser el caso de que las ventas de cerveza estén bajando porque el pisco se ha vuelto, de pronto, más popular? Podría ser. Tendríamos que ver las ventas locales de ese licor. Y de otros. Si bien a primera impresión, podría adivinar que las ventas locales de dicho licor peruano se han incrementado; el grado de sustitución entre pisco y cerveza debería ser débil. Las bebidas con pisco son más caras y requieren algún tipo de mezcolanza previa, desde la más simple para un chilcano hasta la más complicada para un pisco sour. La cerveza sólo necesita ser destapada para ser bebida; y está orientada a otro público objetivo.
Finalmente, hay también otro tipo de animal spirits que muevan la demanda. Por ejemplo, que se esparza el convincente de rumor de que en la elaboración de cervezas se emplea grasa humana extraída por un grupo de desquiciados pishtacos. O, yendo a un terreno más irreal incluso, que las costumbres del consumo de cerveza en fiestas patronales y labores de construcción en el país sean desplazadas por el consumo de otro producto como el yogurt natural descremado.
Pero…
Lo más importante es que, en un análisis de demanda —a menos que se tenga la absoluta certeza— no se puede decir tajantemente que la demanda aumentó por un determinado factor, pues el efecto neto en la demanda depende, en realidad, de muchos factores. .
Así, cuando hace unos meses el presidente García afirmaba que “el aumento del consumo de cerveza prueba que el Perú crece”, tomando según su propia escuela económica, al consumo de cerveza como v variable proxy del Producto Bruto Interno, asumía que el único efecto que había movido la demanda había sido el ingreso de la población. Siendo sinceros, lo más probable es que sí.
Pero podría no ser así. Podría ser que de pronto los sustitutos encarecieron. Podría ser que los precios de la misma cerveza disminuyeron producto de una mayor y agresiva competencia. Podría ser, incluso, que a pesar de menores ingresos, las retorcidas preferencias del empobrecido peruano lo hacen comprar cerveza en lugar de comprarle útiles escolares a su hijo. Podría ser que el auge de la construcción haya devenido en más señores tomando cerveza luego de techar una edificación, como reza la tradición. Podría que ser que dicho año se desató con más furor la fiesta de la Candelaria.
El absolutismo de la afirmación de García le pondría, en estos días, la daga en el cuello, pues —bajo su lógica— “la disminución del consumo de cerveza prueba que el Perú, el único país del mundo blindado ante la crisis, está en recesión”. Y muy probablemente sea así, pero ahí sí que no gusta tanto, ¿verdad?
Primero que todo les pido disculpas por no haber podido postear hace semanas. Pero ustedes saben cómo es: que el viaje a Cuzco, que las clases adicionales a las que uno se mete mensamente luego de cinco años y medio de puro estudio, que el sueño inconmesurable que se lleva mi tiempo con cada vez más frecuencia. El punto es que ya estoy afiliado a una AFP.
Pero aquí debo advertir que mi decisión no fue quizás la más técnica aunque —puesto a pensar— diría que algún tipo de racionalidad subyace por ahí. De esas algo retorcidas que un economista —ah cierto, yo soy uno— debería sentarse a modelar ya.
En primer lugar, ¿por qué no la ONP? No, no es un chiste. En serio. ¿por qué no afiliarse a la ONP? La Oficina de Normalización Provisional simplemente recauda el dinero de todos los aportantes que están afiliados a dicho sistema, y luego de ellos les garantiza una pensión independientemente del monto que uno aportó. Eso me conviene —claro— si el monto que he aportado es menor que el monto que voy a recibir a lo largo del tiempo. Pero este es un sistema prácticamente insostenible. Con el escaso número de afiliados, se debe cubrir las pensiones de aquellos que aportaron en el pasado, requiriendo a gritos un subsidio del Estado.
En la mayoría de los casos, no obstante, el espíritu de solidaridad y altruismo no nos invade y decidimos aportar a una AFP que es como una cuenta de ahorros intangible. No la podremos tocar hasta que nos jubilemos. Una cuenta de ahorros que, además, gana mayores “intereses” que una cuenta normal, pues las AFP toman nuestro dinerito para asignarlo a diversas inversiones físicas y financieras. Grandes ganancias, claro, y también grandes pérdidas como podrán atestiguarlo quienes recientemente vieron sus aportitos hecho trizas. Pérdidas que, dicho sea de paso, son asumidas por nosotros los aportantes.
No bien se enteró que iba a pasar a un régimen muy parecido a planillas —salvo que no te dan pavo en navidad ni gratificaciones en julio o diciembre— una agente de ProFuturo se contactó conmigo, pidiéndome con insistencia una cita para explicarme los múltiples beneficios de su compañía. Mala señal. La señora, a quien le concedí la cita, realmente me convenció pero algo me decía que, por más agresiva que fuera una campaña de expansión de afiliados, la insistencia y casi desesperación por captar clientes debía tener detrás una escasa performance. Me dijo que la rentabilidad es algo relativo, que se ve en el tiempo. Y es cierto; pero también es cierto que—una vez bien posicionados en el mercado—será difícil que una Institución pierda su trono. Miré las rentabilidades que, puntualmente, publica la CONASEV y…
La AFP más sólida—en lo que a rentabilidad respecta, por lo menos—es AFP Horizonte. Así que, sin pensarlo dos veces llamé a una agente y le solicité que enviaran inmediatamente a una agente porque quería afiliarme a su AFP. En estos momentos no podría asegurarle que haya algún agente disponible, pero déjenos su número telefónico y nos estaremos comunicando con usted en las próximas 48 horas. ¿Qué? ¡Habráse visto! ¡Hacerme esperar! Me gusta.
La actitud de suficiencia, de un-aportante-más-qué-importa —que bien podría trasladarse incluso, mediante un símil, al ámbito de las relaciones sentimentales— me impactó. Me hizo pensar seriamente que detrás de eso, además de un pésimo servicio al futuro cliente y una operadora bastante malcriada (rayos, ¿en qué me metí?), se encontraba la experiencia de una empresa sólidamente asentada en este folclórico terruño. Curioso silogismo.
Leer entrelíneas no es quizás la manera más técnica de decidir. No me desincentivó tampoco que, luego de esperar día y medio, me visitara una agente de Horizonte que había dejado la carpeta demostrativa en su carro—aunque corrió presurosa a traerla cuando se lo solicité—y cuyos dotes de oratoria y persuasión eran claramente menores que la señora que, pudiendo ser incluso su madre, me vino a visitar desde ProFuturo.
Ya estaba sugestionado. Quería Horizonte. Quería rentabilidad. Me gusta el golpe. Además, me dieron una bolsa de finas galletitas y un lapicero en su cajita de madera. ¿Qué más se puede pedir?
Claro, ahora que me han depositado casi 15% menos de mi sueldo real, me pongo a pensar si realmente valoro más las zapatillas que me podría estar comprando ahora con ese dinero, o los kilos de futuros medicamentos para la próstata que en —apróximadamente— cuarenta años me estaré comprando.