La economía como nunca la habías visto: clara.

Aventuras de un Homo economicus en Vermont

EL ARTÍCULO HA SIDO RECORTADO PARA QUE NO SE ABURRAN (TANTO). -El autor.

Mientras esperaba el bus —bajo cero, inmóvil, apretando fuertemente los dientes— no podía evitar preguntarme qué rayos hacía en Vermont (VT). Era consciente de que había tomado tres aviones desde Perú, y que estaba trabajando; pero me preguntaba si realmente valía la pena todo eso. La respuesta a mi pregunta vino después de ver a mi compañero de cuarto trazar muchos palitos en un papel al lado de su cama —como en las cárceles. Aprendí, claro, que hay personas que son parte casi irrenunciable de nuestra vida, personas y cosas que no tienen valoración económica alguna. Si sólo hubiera obtenido dinero en ese viaje, ahora me lo lamentaría. Pero no. Obtuve mucho más. Aprendí a convivir, a ganar y administrar mi propio dinero, a hacer arroz en olla regular; pero —por sobre todo— aprendí a ubicar los pequeños Homo economicus en cada persona/agente.

Promovemos el intercambio cultural. ¿Y tu recibo de mil dólares?
En efecto, todo comienza en las agencias. Muchas de ellas se promocionan como compañías que promueven el intercambio cultural y permiten a los estudiantes desarrollar sus distintas habilidades. ¿Cuánto se embolsican por la gracia? Más de mil dólares por persona. Desde 1999, la agencia USE ha enviado a más de 7000 estudiantes, lo cual quiere decir que han recaudado —a grosso modo— 7 millones de dólares. Los gastos que esta empresa realiza no son tan grandes: empleados del local, ferias de trabajo, etc. De hecho, si algo saliera mal con el empleador en EEUU, el participante mismo es quien debe correr con los gastos de nuevos pasajes, alimentación, hospedaje, etc. Por otro lado, USE posee una cláusula en su contrato que obliga al participante a comprar su pasaje en la agencia de viajes, AC TOURS; deferencia por la que —asumo— percibe una comisión.

Welcome to Sugarbush…
Sí, fui un housekeeper —el que limpia las habitaciones, tiende camas, limpia baños, etc— y fue un buen trabajo porque recibía propinas esporádicas y al menos no trabaja a la intemperie. En términos más elegantes, podríamos decir que la valoración que le daba a mi temperatura corporal era mayor que aquella perteneciente a mi recato por limpiar el desmadre ajeno y malograrme la manos con todo tipo de productos. Me pagaban $8.50 la hora, lo cual no estaba mal. Pero en algo debía estarse beneficiando la empresa. Afrontémoslo: ¿por qué habrían de contratar a una bola de latinos? Conversando con unas housekeeper americanas, me contaron que les pagaban $9.50 la hora. Ajá. Eso quiere decir que por cada hora trabajada por un latino y no por un gringo se ahorraban un dólar. Si se trabaja 8 horas al día, 5 días a la semana, eso nos da un total de 160 dólares ahorrados al mes por cada uno de los trabajadores latinos. Siendo alrededor de 30 trabajadores, Sugarbush se ahorró 4800 dólares en sueldos cada mes (mucho más de $14,000 por la temporada completa) A decir verdad, en semanas de gran actividad se ahorraron mucho más. Por cada hora extra se debe pagar el 150% del salario; es decir, $12.75 a los latinos y $14.25 a los americanos. ¿Les significamos algún gasto a la empresa Sugarbush? No. Nosotros pagamos nuestros trámites consulares, nuestra comida, nuestros pasajes y los “beneficios” que nos otorgaron no fueron nada del otro mundo.

Money, money, money
Desde un compañero obsesionado por hacer horas extra, hasta gringas entrando antes a los cuartos para robarse las propinas, pasando por irrisorios cálculos con mi amigo para economizar en el supermercado, fue mucho lo que tuve que ver para convencerme de que el Homo economicus está más vigente que nunca. Los agentes sí maximizan su utilidad. Al lado de muchos, incluso, el Homo economicus es un chancay de a veinte, una caricatura.

En suma, simbiosis perfecta: una agencia que percibe millonarias —literalmente— ganancias, una empresa estadounidense que obtiene mano de obra barata sin mayores esfuerzos y un grupo de latinos felizmente explotados, felices ellos con sus lap-tops y cámaras digitales nuevas.

Sí, aprendí mucho en ese viaje. Aprendí que el Windex se puede (no sé si se deba) usar en otras superficies aparte de los vidrios y que la vida no es justa. Pero sobre todo lo del Windex.

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