Este post no ha tomado un par de horas. Llevo ya días escribiéndolo, con la dureza que entraña sentenciar, en el título y con tiempo pretérito, una verdad cada vez más contundente. Esa sensación extraña, cruel y triste que me embarga desde ya es la que, asumo, golpea a todos los que tienen la desdicha de ver una vida extinguirse lentamente sin poder, acaso, hacer algo al respecto.
En efecto, mi abuelito era Wikipedia. O se le parecía mucho, algo velasquista quizás. Tenía, allá en sus tiempos lúcidos, respuestas para todo, una manera pausada de hablar, un nivel de conocimiento asombroso para una persona prácticamente autodidacta, con un amor admirable por su país y por la política.
Recuerdo muchas cosas de él, y las perennizo en esta columna por si el alzheimer, más temprano que tarde, me juega alguna mala pasada. Recuerdo, en primer lugar, que amaba el rocoto en las comidas y odiaba a la Chola Chabuca (¿quién no?).
Recuerdo también que, cada febrero, el árbol de ciruelas que solíamos tener en casa comenzaba a dar sus frutos. Y que, cada vez que un fruto maduro se precipitaba al suelo, George -que lo esperaba con ansias- veía tal acontecimiento desde su ventana del tercer piso yemprendía menuda carrera por las escaleras. Una carrera en la que, debo añadir, no estaba solo, pues mientras bajaba presuroso, avanzaba con su paso cadencioso esa tortuga que teníamos y que, cosas del destino, siempre le ganaba las ciruelas.
Mi abuelo, a quien llamábamos cariñosamente George, fue agnóstico el 99.9% de su vida. Por eso me desconcertó -y alegró- que pidiera en sus últimas horas, con las escasas fuerzas que le quedaban, la extrema unción. Pero aún si no lo hubiera hecho, y aunque sé que no le hubiera gustado, él se merecería más que cualquier otra persona en la vida (excluyamos quizás a la madre Teresa de la muestra). Porque de existir el cielo (no como un espacio físico, claro) éste alberga a personas nobles y honestas, sinceras y probas, y él fue, sin duda, una de ellas.
Y este tema, hoy, no tiene nada que ver con economía. A lo máximo podríamos decir que mi abuelo se enorgulleció siempre de mí, y más cuando me gradué de economista. Que, en sus tiempos lúcidos, a quien llegaba a visitarlo al hospital, le contaba que su último nieto era ya un economista. Que el día de mi graduación bajó a verme, con todo y sus dolencias, con un vino bajo el brazo, uno que le envió una prima desde Francia y que reservó especialmente para beberlo conmigo en esa ocasión. Pero no, ninguna relación con la economía. La razón de este artículo en este blog de economía es simplemente rendir un justo tributo a una persona que hará mucha falta en mi familia y, claro, compartir con quien se tope con esta columna que alguien muy importante se fue físicamente. La única diferencia es, George, que esta vez no tendré que gritar para que me escuches bien. Esta vez, sólo debo escribir y esperar que las líneas te ubiquen y te hagan saber que te voy a extrañar, que extrañaré tus interrupciones en discursos familiares solemnes porque no advertías que ya había alguien hablando, que te recordaremos siempre, a ti y a tu cabeza de algodón que, lo quiera o no, emularé en pocos años. Descansa en paz, Georgino.
Desde hace ya buen tiempo se sabe de un extraño caso que involucra al actual alcalde de Lima y, cosas de la vida, líder en las encuestas de intención de voto presidenciales.
Así que pretenderé que es un ejercicio de Finanzas I, para que se entienda cuál es el escándalo aquí (los datos del problema fueron extraídos de este artículo de Peru21):
Relima es la empresa encargada de la limpieza de las calles de la ciudad capital. La Municipalidad de Lima mantiene por ese concepto una deuda millonaria que, inicialmente, se niega a pagar. Luego cede y fijan la deuda en S/. 35.9 millones. Con intereses y todo, la deuda asciende a S/. 40.5 millones, distribuida en pagos en 10 años. Halle usted la tasa de interés. Respuesta: 8%
Es decir, la Municipalidad de Lima se comprometía a pagar durante cada uno de los 10 años próximos la suma de S/. 3.7 millones. Entonces ahora imaginemos un papelito, que es de posesión de Relima, que dice:
Si alguien quiere comprarle ese papelito a Relima -que en la realidad es, espero, algo más formal- es obvio que no va a ofrecerle S/. 40.5 millones. El precio debe ser (mucho) menor, porque lo que estoy comprando es una promesa futura de pagos anuales. En resumidas cuentas me estoy comprando un flujo futuro y de largo plazo de dinero.
Surge entonces una empresa, y sin mayores antecedentes, (Comunicore) que decide que le será medianamente rentable comprarle a Relima este papelito por S/. 14,6 millones. Halle usted la tasa de rentabilidad “inicial” de Comunicore. Respuesta: 21.67%
La primera línea corresponde a los pagos (todos iguales), la segunda línea corresponde al “valor presente” de esos pagos. El precio del papelito es la suma de la línea 2: la suma del valor presente de los flujos futuros.
Y hasta aquí, esto sería una operación financiera común y silvestre, con un buen porcentaje de ganancia, pero bueno, para eso están las finanzas.
Una visión más ortodoxa de las finanzas es lo que pasó despúes. Una vez que Comunicore ya había comprado el papelito por S/. 14.6 millones, la Municipalidad (a pesar del acuerdo de pago en cuotas mencionado anteriormente) decidió que quería pagar TODA la deuda de golpe.
Es decir, ya no hay flujo futuro de dinero en 10 años. No. TODO de golpe. Es decir una ganancia de más de S/. 21 millones. Días después la empresa se liquidada, y ahora salen a la luz transferencias de dinero y el uso de un ambulante, un cerrajero y una iletrada como testaferros de altos cargos de Comunicore.
Como dicen por ahí: construyendo.
Las vendomáticas son máquinas expendedoras de productos alimenticios (snacks, gaseosas, cafés) cuya principal característica es la nula intermediación humana en el proceso de compra-venta. Las encontrarás en clínicas, universidades y centros comerciales. Y sí, ya sé, no son precisamente un tema de relevancia nacional, pero la verdad es que es domingo, estoy enfermo, y no me apetece escribir sobre otro tema que no sea el atropello que muchas de estas máquinas realizan con los consumidores día a día, pequeños atropellos que quedan silenciados por su cotidianeidad.
1) Las maquinitas no siempre dan el vuelto de manera correcta, si es que llegan a darlo.
2) Los productos no siempre caen, ni siquiera con sacudidas de las pesadas máquinas.
3) La máquina expendedora de café no detecta la ausencia de vasos, por lo que continúa “vendiendo” cafés que se escurren por la rejilla de la vendomática.
4) En algunas, las monedas introducidas simplemente se pierden. Son introducidas pero no figuran como monto disponible en el contador.
Las máquinas, a menudo fijan precios —aprovechando su poder de mercado, pues difícilmente encontrarás cafeterías en cien metros a la redonda— que incluyen incrementos de entre el 10% y 30% (grosso modo) de los precios que uno encontraría en una bodega cualquiera (los cuales, recuerden, ya incluyen cierto margen de ganancia).
En defensa de las vendomáticas, uno diría que —ante cualquier problema— éstas incluyen un número al cual uno puede llamar para presentar sus quejas. ¿Alguna vez lo han hecho? Bueno, yo sí. La llamada tarda aproximadamente 2 minutos: te preguntan tu nombre completo, la ubicación exacta de la vendomática, el problema, tu teléfono, y te dan indicaciones sobre lo que viene: un encargado será enviado en la próxima hora para solucionar tu problema.
El gran problema es que sólo la llamada te cuesta (desde tu celular) un sol, y cincuenta centavos si te desplazas hasta un teléfono público. Mencionemos también el hecho de que debes estar merodeando la máquina durante los próximos sesenta minutos para que puedas obtener el reembolso de tu dinero. Una vez lo hice, pero sólo por el gusto de vengar mis cinco soles. Los beneficios claramente fueron menores a los costos: la llamada, el tiempo esperando, demasiado para una situación en la cual uno quiere comerse, al paso, unas papas fritas y continuar con sus actividades diarias.
No hay incentivos para calibrar/arreglar las máquinas
La gran mayoría de personas, por obvias razones, decide no denunciar estos desperfectos, una línea de llamadas gratuitas podría, quizás, arreglar en algo esta situación. En estos casos, la empresa está ganando sin siquiera vender algún producto. La gran pregunta es si estos excedentes —que, no se crean, no deben ser poco: sucede múltiples veces, todos los días, en cientos de vendomáticas— son apropiadas por los reponedores que visitan las máquinas sendas veces en un día. O sí, por el contrario y muy probablemente, el monto total de dinero llega hasta las empresas, que obtienen ganancias por, literalmente, vender grandes paquetes de nada.
Y, yendo más allá, si—al momento de pagar los impuestos— estos ingresos son declarados o si, como es de esperarse, si no existe venta de producto alguno, estos ingresos van directamente al bolsillo sin necesidad de ser declarados. Preguntas de un domingo, nada más.
En un post anterior, me dejan la siguiente consulta mediante un comentario:
Hola, mi pregunta es referida al peso argentino, estoy a punto de viajar a Peru, y no se que moneda llevar. En Peru, puedo cambiar pesos argentinos por soles o por dolares.
De paso les comento las tarifas de las casas de cambio por aqui, para que me den su opinion. Aqui necesito 384 pesos argentinos para comprar 100 dolares. Y por la cotizacion que tiene una casa ue vende y compra soles aqui en la argentina, necesito 286 soles para comprar 100 dolares.
Ahora, si con pesos quiero comprar soles, necesito 408 pesos argentinos para comprar 286 soles, por lo que, encuentro una diferencia entro los 384 pesos a dolar y los 408 pesos a soles ( si quiero comprar la cantidad necesaria para comprar 100 dolares con soles aqui)
Gracias
Martin
Y la respuesta viene con una pequeña obra de obra que hice, como para variar:
Lo siento, lo dibujé con lápiz y al escanearlo, se perdió parte. Pero la idea es clara.
Estimado Martin, en efecto, como supones, te es más conveniente (bajo las condiciones actuales del mercado) cambiar tus pesos a dólares y luego traer esos dólares a Perú y comprar los soles aquí.
Así, en mi ejemplo, si cambiaras 1000 pesos en Argentina, te darían 701 nuevos soles. En cambio si los cambias a sólares ($262), luego podrás obtener 749 nuevos soles. Es decir, ganarías un excedente de 48 soles.
Con 48 soles, puedes comprar 2 botellas de pisco, 480 caramelos de limón ó dos platos de ceviche. Bueno, tú entiendes. La ganancia no es abismal, pero existe.
Existe además otra ventaja. Si cambias todo tu dinero a soles, y luego -terminado tu viaje- te han sobrado algunos, deberás hacer el cambio nuevamente hacia tu moneda local, con lo cual perderás aún más dinero. Si vienes con dólares, podrás cambiarlos gradualmente a soles (incluso la mayoría de grandes locales aceptan dólares) y llevarte los excedentes, si los hubiera, minimizando tus pérdidas.
El fenómeno que describes es interesante. Es claro que en economía lo que uno pierde, otro lo gana. Los economistas suelen asumir que no hay arbitraje entre las monedas (es decir, que no es posible ganar dinero sólamente cambiando monedas en plazas distintas). Con el tiempo el supuesto ha pasado a ser: “si existen oportunidades de arbitraje, éstas son eliminadas por el mercado”. Da igual. Espero te haya ayudado. Saludos.
Holas. Lamento mucho la sequía de posts, pero ando algo ocupado estos días. Ya vienen, ya vienen. Mientras, los dejo con -como dirían en Chespirito- un sabroso entremés. El artículo es de Waldo Mendoza, y pueden leerlo en El Comercio. Y comentarlo aquí, si desean. Gran Debate. Saludos
Cuando ocurre una crisis económica, un eterno candidato a culpable es el modelo de desarrollo, cualquiera que sea este.
Como la tasa de crecimiento del PBI ha caído de 10% en el 2008 a 1% en el 2009, hay muchas voces que piden cambiar el actual modelo “neoliberal”.
Sin embargo, si la alternativa en América Latina es un modelo como el de Argentina, Bolivia, Ecuador o Venezuela, donde la intervención estatal entorpece el funcionamiento de la economía, es mejor quedarse como estamos.
Argentina y Venezuela, en plena desinflación mundial, tienen tasas de inflación que son de las más altas en el mundo.
En Argentina, el gobierno ha sido expulsado de los mercados internacionales de crédito y no tiene fondos para pagar su abultada deuda pública.
En Ecuador, justo cuando la economía mundial empieza a recuperarse, la recesión está en su clímax: 17% de caída del PBI en noviembre último.
En Venezuela, la reciente devaluación amplificará la estanflación que se inició en el segundo trimestre del 2009.
Y el crecimiento económico de Bolivia, el más alto de América Latina en el 2009, está apoyado en el impulso fiscal financiado con los ingresos provenientes de las nacionalizaciones, los cuales son, en su mayoría, transitorios.
Todos estos países, en especial Bolivia y Venezuela, han espantado a la inversión privada, la fuente más importante del crecimiento económico sostenido.
El Perú está felizmente en el otro grupo, junto con Brasil, Chile, Colombia y México.
En estos países, hace muchos años que la inflación ha dejado de ser un problema.
El crecimiento del PBI, con la excepción del de México, ya se restableció, luego de la recesión ocasionada por la crisis internacional.
Por ser modelos amigables para la inversión privada, esta variable crecerá en los próximos años infinitamente más que en el otro grupo de países.
En perspectiva, entonces, estos países crecerán a una velocidad mucho mayor que los otros.
Hay, sin embargo, dos correctivos que deben hacerse para que el crecimiento sea sostenido y socialmente aceptable.
En primer lugar, tenemos que enfrentar mejor los choques externos. El Perú, durante el 2008-2009, fue un ejemplo clamoroso de lentitud de respuesta frente a una grave crisis internacional. El costo ha sido que la economía se paralizó en el 2009.
En segundo lugar, el actual modelo de desarrollo tiene el gran lastre de que no ha logrado que dejemos de ser uno de los países más desiguales en América Latina.
Hay una enorme tarea en este campo para la política fiscal, que tendrá que elevar sustantivamente la presión tributaria para poder sostener un gasto público mayor en capital humano e infraestructura. En ese campo, hemos retrocedido con el actual gobierno.
Waldo Mendoza
Y luego de eso, se armó el debate. Aquí las respuestas de:
Y también el artículo de Gonzalo Aguilar, amigo mío y recientemente egresado de la especialidad de economía de la PUCP. No será un profesor, pero su opinión es igualmente interesante.
Los amigos de La Mula han tenido la interesante idea de generar debate, mediante la propuesta de temas específicos en lo que podríamos llamar campañas en línea. En este caso, el tema es “el abandono de nuestro patrimonio cultural”, a raíz de la difusión del vídeo de unos chibolos dañando parte de la Huaca del Dragón en complejo de Chan Chan.
¿Por qué homoeconomicusmente -perdón por la creación del adverbio- es importante nuestro patrimonio cultural?
Pues porque, después de todo, es capital. Capital en el sentido de que es un depósito de valor, pero también permite obtener renta a través de los servicios que presta. ¿Aburrido? Veamos.
¡Machu Picchu! Una de las siete nuevas maravillas del mundo. Su sola existencia nos llena de orgullo, nos recuerda de donde vinimos y a veces -cruelmente- donde estamos. Le otorgamos entonces a Machu Picchu, por su majestuosidad, por su historia, un “valor cultural”.
Sin embargo, es innegable que también le debemos a Machu Picchu una especie de cariño monetario -como me gusta llamarle a mí a este tipo de afectos. Después de todo, muchos extranjeros llegan a Perú atraídos por las ancestrales ruinas incas que encuentran en postales o páginas web. Vienen por eso, se alojan en Lima, viajan a Cuzco, compran comida, chullos, y claro, pagan su entrada al complejo arqueológico.
Es decir, además del llamado “valor cultural”, parte de nuestra valoración de Machu Picchu consiste en las rentas futuras que su existencia generará en los próximos años.
Patrimonio cultural y disyuntivas
En el caso del patrimonio cultural, encontraremos muchas disyuntivas, de las cuales vale la pena mencionar dos. La primera viene dada por la modernidad entendida como el paso arrasador de construcciones sobre cualquier terreno. Seamos sinceros, todos vivimos encima de lo que antes fueron huacas. Es decir, en algún momento, nuestros antepasados –o sus patrones- tomaron la decisión de construir sus fundos encima de lo que veían como enormes montículos de tierra compactada. Más ahora, en distritos tradicionales de Lima, se demuelen casonas para construir altísimos edificios. La solución -que no es nada fácil pues requiere un amplio grado de conciliación- consiste en un avance de la modernidad que respete también el patrimonio cultural mediante la protección de determinados espacios que deben ser considerados intangibles.
Una segunda disyuntiva sería la sobreexplotación de nuestro patrimonio. Aunque su valor cultural puede difícilmente depreciarse, el patrimonio cultural –entendido como infraestructura– sí puede hacerlo. Por ejemplo, imaginemos que los apetitos de ingresos por recaudaciones a la entrada de Machu Picchu crecen, y se deciden hacer caminatas de decenas de miles de personas al día, a precios medianamente baratos, día y noche. En unos años, se no acabaría la gracia y desparecerían las rentas futuras que podríamos haber percibido por dichas ruinas. Para siempre.Y esta depreciación puede darse también por daños (por los cuales, claro, ni se obtienen rentas presentes).
Por eso cuando un grupo de chibolos apedrea y daña parte de un complejo arqueológico –y luego lo cuelga en youtube, por lo cual inferimos que están orgullosos de su hazaña- no sólo nos duele por el “valor cultural” de patrimonio, sino también porque si este tipo de actitudes no se controla, escarmienta –y, mejor aún, previene mediante educación apropiada– estamos destinados a perder nuestro patrimonio cultural en manos de pendejeretes que, ni puestos a realizar trabajo comunitario de por vida podrían compensarnos por el daño irreparable –incluyendo el económico- que nos causarían.
Links interesantones acerca del tema:
Revisa LOS COMENTARIOS (interesantes discusiones)
Retomando la discusión del post anterior, quedaba pendiente hacer un análisis de los argumentos que esgrimen aquellos que están a a favor de la exoneración del IGV a los espectáculos taurinos. Eso vendrá, lo prometo, en el tercer y quizá último post. Ahora he creído conveniente analizar unas cuestiones previas y bastante interesantes.
Comencemos por analizar lo que decía el Apéndice II del Texto Único Ordenado del IGV e ISC desde el año 1999:
“4. Espectáculos en vivo de folclore nacional calificados como espectáculos públicos culturales por el Instituto Nacional de Cultura.”
Ese mismo texto fue reemplazado por este textito en el 2003:
“4. Espectáculos en vivo de teatro, zarzuela, conciertos de música clásica, ópera, opereta, ballet, circo y folclore nacional, calificados como espectáculos públicos culturales por una Comisión integrada por el Director Nacional del Instituto Nacional de Cultura, que la presidirá, un representante de la Universidad Pública más antigua y un representante de la Universidad Privada más antigua, ASÍ COMO LOS ESPECTÁCULOS TAURINOS (mayúsculas del autor).”
Una primera interpretación es que -al ser mencionados de refilón, luego de toda la enumeración de espectáculos públicos culturales- los espectáculos taurinos no pertenecen a dicho grupo. Es decir, uno no dice “detesto los vegetales y el brócoli”. ¿Por qué? Porque el uso de “y”, que es una conjunción copulativa, denota una enumeración de cosas distintas, ¿verdad? El brocoli es un vegetal.
¿Por qué habría, entonces, de hacerse una mención aparte para estos espectáculos? Mi segunda lectura (que suscribo al tiempo que entrecierro los ojos en señal de suspicacia) es que, cuando se redactó esta modificatoria, se tenía claro qué se buscaba blindar. Si bien los espectáculos taurinos son considerados como espectáculos culturales actualmente, la exoneración estaría en manos de una comisión que podría decidir, sin más ni más, retirar a los espectáculos taurinos la calificación de espectáculo público cultural y, con eso, la exoneración tributaria. Si lo notan, al mencionar por fuera a los espectáculos taurinos, su cualidad de exonerados sólo podría ser cambiado al modificar el texto del TUO del IGV, no mediante la evaluación de comisión alguna.
HECHO ELOCUENTE:
El 04 de diciembre del 2009 el Presidente García y el Premier Quesquén presentaron al Congreso el Proyecto de Ley N°03739, donde se planteaban básicamente dos modificaciones al TUO del IGV entonces vigente. La primera: eliminar el texto que yo puse en mayúsculas, ya saben, donde se menciona a los espectáculos taurinos de manera explícita. La segunda modificación era prorrogar el beneficio hasta fines del 2012. Aquí les presento un pantallazo de la versión que guardé en mi computadora, pues ya no está disponible:
Compárese con el texto que puse inicialmente. ¿La vieron? Bueno, resulta que el 22 de diciembre del 2009 se dio la Ley 29491 que, curiosamente, prorroga los beneficios tributarios únicamente hasta junio del 2010 (y no hasta el 2012 como se pretendía) pero no elimina el texto explícito que hace alusión a los espectáculos taurinos. Ello pueden verlo en la página web del Congreso, allí está la Ley 29491 que está colgada en lugar del Proyecto de Ley 03739.
Podría ser, claro, que la historia muera en julio cuando los exonerados empiecen a pagar impuestos. Pero podría ser, también, que en estos meses las exoneraciones tributarias, que siguen incluyendo explícitamente a los espectáculos taurinos -cuyos intereses se encuentran, aparentemente, bien cautelados- se vuelvan a prorrogar. Uno nunca sabe.
¿Ya vieron por qué era importante esta digresión? Se aceptan (y aprecian) comentarios respetuosos, aclaraciones legales y sugerencias.
BONUS: Si tienes ganas de relajarse, les dejo un capítulo de los Simpson. Las corridas de toros llegan a Springfield y Lisa emprende la labor de detenerlas (concretamente a partir del minuto 15:00). El abuelo Simpson es el torero.
Hola, tengo una amiga en México que piensa venir dentro de poco. Me preguntó lo que le convenía, comprar dólares allá, o comprarlos acá. Aparte luego ella comprará algunos soles. ¿Qué debe hacer? El cambio es de 12.97 segun esta tabla!
gracias!
Gary
Bueno, detesto dar este tipo de consejos porque hay siempre una gran probabilidad de equivocarse, tú sabes, por la impredictibilidad de los mercados. Sino que lo diga mi hermano, cuyo patrimonio ha peligrado más de una vez gracias a mis fatales asesorías financieras. Pero bueno, siempre puedes aconsejarle a tu amiga que haga exactamente lo contrario.
Dicho ello, abordo de plano tu pregunta. Todos los que hemos visto El Chavo –y sólo por eso– sabemos que la moneda de México es el peso mexicano. Actualmente, léase HOY 05 de enero del 2010, en México se necesitan 12.82 pesos mexicanos (MXN) para comprar un dólar gringo (USD) ; así como, en Perú, necesitamos 2.87 soles (PEN) para lo mismo. Ahora sabes que si la Chilindrina le pidiera un peso a Don Ramón, probablemente no le alcanzaría ni para el arranque (veintidós céntimos de nuevo sol). Puedes seguir la cotización de todas las monedas del mundo a través del Currency Converter de Yahoo Finance, sin duda una muy útil herramienta.
Por lo que entiendo, Gary, tu amiga no sabe si comprar dólares aquí o en México. El problema es que tu amiga, con pesos mexicanos en Perú no podría llegar ni a la esquina. Necesita necesariamente dólares, como mínimo, para poder operar libremente en tierras peruanas. Podría, claro, esperar hasta arribar al aeropuerto Jorge Chavez y cambiar sus pesos mexicanos aquí; pero –considerando que los sándwiches triples te cuestan más de 10 soles y que los aeropuertos utilizan siempre su poder de mercado- ¿qué nos haría pensar que el precio de los dólares será más barato en el aeropuerto de Perú que en las calles/bancos mexicanos?
Por tanto, yo diría que sí, debe comprar tantos dólares como considere necesarios en México. Es más, yo diría que, en cambio, los asuntos más interesantes son otros dos:
Primero, ¿cuándo debe comprar los dólares ahora mismo o esperar unos días o semanas? Esta es la evolución del tipo de cambio PESOS MEXICANOS por DÓLARES GRINGOS en los últimos tres meses:
La verdad tendría que empaparme más sobre el mercado cambiario en México para darte alguna idea. Intuitivamente, por el comportamiento histórico, ¿será que el tipo de cambio en México ya ha tocado fondo y no bajará más por lo que conviene comprar los dólares ya, antes de que encarezcan más? Lo sé, es algo difícil aseverarlo (si alguien sabe de esto, por favor comente).
Un segundo asunto muy interesante tiene que ver con lo que encontrará tu amiga cuando llegue a Perú. El problema que enfrentará, claro, es el de la revaluación del nuevo sol. El “fortalecimiento” de nuestra moneda. En pocas palabras, que un dólar gringo puede comprar cada vez menos soles peruanos. Es decir, que cuando tu amiga venga a Perú con sus dólares comprados en México y quiera obtener soles, obtendrá menos soles (que hace un tiempo). Le alcanzará para comprar menos, si se quiere. Este es el comportamiento de nuestro tipo de cambio SOL por DÓLAR:
Y eso, mi amigo, es algo ineludible. El tipo de cambio en Perú ha bajado y está relativamente estable, o lo que es lo mismo, lo tienen así. Y así se mantendrá, dicen que porque el Perú se vuelve más competitivo, pero tú y yo sabemos que es, más bien, por otros motivos que ya se han discutido en este blog. Así que suerte, que esto de las monedas es siempre algo complicado. No dejes de contarme qué tal le fue a tu amiga y, claro, si algún residente en México lee este post, trate de comentar antes del 2012.